Columna

Fervor y devoción popular en La Tirana

Fervor y devoción popular en La Tirana Por Rubén Gómez Quezada, periodista y escritor   En las últimas semanas hemos escuchado en las calles antofagastinas, sobre todo las del sector norte, los últimos ensayos…

Rubén Gómez Quezada

Periodista y escritor

Fervor y devoción popular en La Tirana

Por Rubén Gómez Quezada, periodista y escritor

En las últimas semanas hemos escuchado en las calles antofagastinas, sobre todo las del sector norte, los últimos ensayos de los bailes religiosos que viajan en masa al desierto de Atacama para rendir homenaje a la Virgen del Carmen, patrona de Chile. Este acontecimiento de profundas raíces populares se desarrolla entre los días 10 y 20 de julio y alcanza su clímax el día 16 cuando el poblado de La Tirana, cercano a Iquique, recibe a multitudes de promesantes provenientes mayoritariamente del Norte Grande, de Perú y de Bolivia. Las cifras varían entre los 200 y 500 mil peregrinos que llegan transitoriamente a la Pampa del Tamarugal. Se trata de un lugar de fe, de sincretismo cultural, mitos y leyendas muy arraigados.

Algunas cosas se me quedaron grabadas a fuego durante mi primera y única visita al poblado ubicado en la comuna de Pozo Almonte, hace más de 50 años cuando éramos estudiantes universitarios. Los viajeros éramos una treintena, todos aprendices de periodistas, además de un par de profesores con quienes alquilamos a muy buen precio una pequeña góndola, cuyo dueño era el padre de uno de nuestros compañeros de estudio. El algo desvencijado móvil nos llevó victorioso hasta el poblado un par de días antes de la gran procesión. Hicimos campamento en modestas carpas de playa hechas de lona tosca e improvisamos con sacos de dormir rudimentarios. Aperados con cocinillas, lo primero que hicieron los profes fue comprar carne de llama, que se vendía en enormes cantidades como uno de los platos más tradicionales de las calles del pueblo.  Entre medio de los tamarugos, esa tarde noche aún se podía ver algo en el horizonte. A la mañana siguiente en medio de temperaturas gélidas pudimos apreciar que la pampa estaba poblada de campamentos, carpas, y vehículos de todo tipo. No había un metro de desierto despejado.

El frio y la aventura hizo estragos esos días en nuestra comitiva. Uno de nuestros compañeros se congeló y terminó en urgencias en el hospital de Iquique. Pero no fue todo; nuestras carpas fueron atacadas inusitadamente por un grupo de mafiosos antofagastinos quienes en forma violenta buscaban a una mujer que equivocadamente suponían, nosotros teníamos secuestrada. Eran miembros de la pandilla de la Robert Taylor, banda que causaba estragos a inicios de los años 70 y que compartían el cumplir con las mandas con cobrar cuentas. Pasado el mediodía el calor era extremo. Algunos de nuestros compañeros santiaguinos osaron entrar al templo en short, sin camisa ni poleras. Craso error, fueron invitados a abandonar el recinto rápidamente por una feligresía molesta y ofendida.

Pero, lo más impactante fue sin duda el día de la procesión de la virgen. Era mucha gente en la iglesia, la plaza y las calles. Eran cientos de bailarines, chunchos, chinos, apaches, tobas, morenadas, caporales, diablos, vestidos en forma multicolor y atravesados por sonidos poderosos causados por flautas, bombos, matracas en un sonar de fiesta ininterrumpida.  Todo esto sin duda demandaba esfuerzo, sudor y lágrimas de fieles realmente entregados, en trance, devotos incondicionales a la virgen. Fervor popular increíble y que hasta nuestros días sigue arraigado en lo popular y el sincretismo cultural chileno.

La leyenda cuenta la historia de la Tirana. Fuentes religiosas refuerzan el origen del santuario y de la devoción mariana. El sincretismo cultural actual va más allá de las raíces andinas de la fiesta en el Tamarugal y de la introducción de la fe católica. Hoy es todo eso, pero además un fenómeno de masas donde los verdaderos peregrinos y promesantes renuevan su fe y cumplen sus mandas y promesas a la Chinita. Irremediablemente, tal marea humana en tránsito tiene necesidades variadas las que satisfacen innumerables comercios variopintos y que restan sacralidad a los acontecimientos religiosos. Hace más de 50 años no había hoteles ni comercios establecidos y las calles eran senderos de tierra. Hoy las cosas han cambiado radicalmente.

Lo que no ha cambiado es la leyenda. Data del siglo XVI y cuenta la historia de una princesa inca quien había sido hecha prisionera por Diego de Almagro en un primer intento fallido por avanzar a Chile. La princesa se llamaba Ñusta Huillac, quien junto a su padre logró escapar hacia la Pampa del Tamarural donde se atrincheró y montó una feroz resistencia armada contra los conquistadores españoles y extranjeros, lo que le valió el apodo de La Tirana. Tiempo después, afianzado el avance español la Ñusta Huillac se enamoró de Vasco de Almeida, un joven minero portugués a quien tenía prisionero. Este la convenció de adoptar el cristianismo y de casarse.  Ese acto significó la muerte de ambos a flechazos por parte de los naturales de la pampa. En 1540, el fraile de origen español Antonio Rendón halló una cruz en el lugar y rindió homenaje a la pareja construyendo una capilla bajo del nombre de nuestra señora del Carmen de la Tirana en el mismo lugar donde se única hoy el pueblo.

Otros antecedentes posteriores adjudican a la fiesta de la Tirana un origen absolutamente andino ligado a las fiestas de la Pachamama y a la influencia de la cultura aymara en Tarapacá. De fiesta campesina y minera en sus inicios, tras la Guerra del Pacífico y la chilenización del Norte Grande adquiere además de andino un carácter eminentemente pampino, contribuyendo a su arraigo popular en el norte chileno y amplias zonas aymaras y quechuas de Perú y Bolivia.

En lo personal, una sola vez acudí a la fiesta en la pampa del Tamarugal; pero en el recuerdo me resuenan nítidos los sones de las diabladas y los saltos ceremoniales de los promesantes en la pampa y en Antofagasta, los cuales se repetirán felizmente en toda nuestra región en lo que resta del mes de julio durante la Tirana Chica, una celebración hermosa de bailes religiosos y cofradías basadas en la devoción popular de los auténticos devotos nortinos alejados en su mayoría de intereses más bien prosaicos.

Estimados amigos, gracias y hasta una próxima oportunidad

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