Columna

La IA o el sustituto de la fe humana…opinión.

Hasta hace unos años en que la palabra fe era una incombustible expresión de dos letras, nunca dejamos de conversar acerca del poder, en nuestras vidas, de esa pequeña palabra. Pero, muchos años después,…

Francisco Javier Villegas

Profesor y Escritor.

Hasta hace unos años en que la palabra fe era una incombustible expresión de dos letras, nunca dejamos de conversar acerca del poder, en nuestras vidas, de esa pequeña palabra. Pero, muchos años después, otra expresión, también de dos letras, IA, con mayúscula, nos vapulea el cerebro y la dermis por su agitada aparición como un maná que tensiona nuestra civilización. Unos, dicen, que es un verdadero invento disruptivo del pensamiento; mientras, otros, están convencidos de que su nacimiento ha acelerado la expansión tecno capitalista remodelando la educación, a todo nivel, y revelando las singularidades de la economía digital sin cortapisas.

Lo concreto, digámoslo, es que herramientas como ChatGPT, Gemini, Perplexity, Anthropic, Claude y otras IA están inundando nuestro quehacer, con distintos propósitos y fines. Tanto así que estamos creyendo que pueden pensar y razonar por nosotros. Y que producen innumerables resultados con solo hacer un tap o un click. Pero, estos artilugios ¿están vivos? O ¿parecen entes vivientes? A un sinnúmero de individuos, la inteligencia artificial, le produce interés y temor, a la vez; aunque, en muchos lugares de trabajo, de seguro, a las personas, le provoca fascinación y expansión por igual. Algunas compañías de investigación en esta temática señalan en sus sitios corporativos que la inteligencia artificial beneficia a toda la humanidad; pero, al parecer, el efecto que está provocando es de una fuerza super poderosa que crece y crece de manera desproporcionada sin responsabilidad ya que la tendencia es ser veloces o ágiles sacando productos sin pensar mayormente en todas las implicaciones. Es el lema, también, de Silicon Valley: muévete rápido rompiendo cosas. Está claro, entonces, que se pueden crear falsas impresiones o grandezas en el mare magnun de limitaciones porque las herramientas señaladas no son neutras y porque la regla es la simpleza de todas ellas: llegar siempre primero.

“Confiar o no confiar: esa es la cuestión” diremos hoy día parafraseando a Hamlet. Porque es evidente que los proyectos IA nacieron como iniciativas sin fines de lucro, o sea, confiamos, entonces; pero, con el correr de los meses se han convertido en grandes compañías hibridas valoradas en miles de millones de dólares ¿lo que nos hace desconfiar? En el intertanto, los dueños de las IA analizan cómo ordenar el avance de frontera puesto que conlleva variados riesgos como la pérdida de control de los sistemas IA, el ritmo de desarrollo según los progresos técnicos, el uso de la IA para crisis económicas, ciberataques o bioterrorismo. Las advertencias superan a las advertencias. Un asunto que no es nuevo cuando se intenta frenar el posible efecto de una invención; pero, a la vez, también lo sabemos, el pulmón de las inversiones sigue abultándose en energía, desarrollo espacial, infraestructura y nuevos sistemas computacionales. Y, nosotros, poca idea de eso tenemos. Solo sabemos, con suerte, usar alguna programación básica y buscar información sin añadir fuentes para efectuar un análisis ya que, según dicen, la IA lo hace todo. Si este proceso aumenta, es probable, que el modelo supere la capacidad humana para comprender los fenómenos y sus funcionamientos y, también, controlar las decisiones en educación y en los desempeños laborales. Lo concreto es que mientras alguien prepara un brochure, un resumen de texto o un simple afiche con IA, y todo el mundo lo encuentra bonito, la disponibilidad de agua y electricidad es un tema significativo si lo correlacionamos con la expansión de la inteligencia artificial y si pensamos que una IA global pueda quedar, de manera excesiva en manos de un individuo, un trío de personas, una empresa o un país. Ahí la fe deberá asumir nuevas responsabilidades reclamando lo que es de la naturaleza humana con los valores y propósitos definidos por los propios seres humanos dejando de lado la imprudencia, tan común, a veces, en la sociedad que concentra poderes. El escenario parece un poco a ciencia ficción ¿o no?