Columna

Linternas: Crónicas regionales de Gustavo Tapia

La crónica es un ejercicio muy interesante. Casi siempre obedece a un relato sobre observaciones acumulativas en el terreno, sobre el aquí y el ahora y cómo esas imágenes dan forma a un contexto…

Rubén Gómez Quezada, periodista y ex académico UCN.

Rubén Gómez Quezada, periodista y ex académico UCN.

La crónica es un ejercicio muy interesante. Casi siempre obedece a un relato sobre observaciones acumulativas en el terreno, sobre el aquí y el ahora y cómo esas imágenes dan forma a un contexto mayor que transmitimos a un público diverso. La periodística, tiene mucho de aquello, pero conserva algunos rasgos distintivos. Por ejemplo, son columnas de opinión, aportaciones y trazos de memoria e ingenio escritas en espacios breves y de amplia vastedad temática.  Históricamente, ha sido generosa en recibir en sus filas a plumas multifacéticas y de orígenes amplísimos y en muchos casos, la antesala para el ejercicio permanente del oficio y la profesión periodística.

Digo esto ya que recientemente he vuelto a releer y con mucho agrado el libro “Linternas: Crónicas regionales” escrito por el periodista, escritor y docente antofagastino Gustavo Tapia Araya. Es un texto autoeditado el año pasado y que está estructurado en diez áreas temáticas que van desde personas naturales reconocidas como Sabella como eje articulador, Rendic, Skármeta, Rivera Letelier, Waldo Valenzuela y muchos otros, junto a paisajes geográficos y tesoros inmateriales e intangibles de la historia social, económica y creativa de nuestra región de Antofagasta. Su autor, hombre de mundo y mucha escucha, es generoso en abrir también sus letras a temas universales, polémicos y amenazantes que nos tocan de regreso en el día a día. De hecho, las 75 Linternas que ofrece este tesoro literario local fueron escritas entre los años 2023 y 2025.

El libro nos dirige desde el inicio a un punto de partida claro. Recuperar el esfuerzo titánico de Andrés Sabella por contar el Norte Grande al mundo desde Antofagasta, a través de su espacio cronístico Linterna de papel y qué a 19 años de su muerte, en 1989, se mantiene vivo hoy y todos los días a través de columnas escritas por admiradores, discípulos y creadores y cuya editora principal es María Canihuante Vergara, destacada profesora y curadora del Patrimonio de Andrés Sabella. En ese marco nace el libro en comento de Gustavo, una obra de crónicas periodísticas alojadas en las páginas de El Mercurio local.

En lo medular, son columnas muy breves, en este caso acompañadas de imágenes, que suman un grado de dificultad considerable, por cuanto se trata de lograr un equilibrio entre lo anecdótico y puntual junto con lo importante y necesario. A mi entender el autor logra esa finalidad plenamente con una pluma bien entrenada, inquisitiva, curiosa y versada.

El autor griego Heródoto escribió hace 2.500 años su obra Historias y que en palabras del reconocido periodista Riszard Kapuscinsi, esos relatos de la Grecia antigua encierran las claves de un buen relato, un reportaje o una crónica y entendía que la clave pasaba por tres aspectos. El primero, viajar, no como turista, sino como un explorador incansable, con una planificación y un sentido de la observación infinito; segundo, escuchar a todas las personas en el camino. Es decir, buscar la pluralidad de las versiones y mejor si son contradictorias y tercero, hacer los deberes para la casa, a saber, entender lo que se ha conocido y escuchado y recién escribir con autonomía lo que implica disciplina, pasión y compromiso.

Las crónicas de Gustavo se inscriben en el camino que traza Kapuscinski a partir de Heródoto. Hay en sus descripciones y apuntes detalles reveladores y lecturas inesperadas sobre personajes de la ciudad y de la región que nos muestran facetas de una identidad no contada suficientemente o desdibujada a propósito. Muchos de sus textos se refieren a personas que en su momento no encajaron en los moldes establecidos y en la comodidad de los laureles sociales. Son personas, ciudades y pueblos que murieron en el olvido o que fueron aceptados a medias, a regañadientes, o que recibieron el pago de Chile. Hay también aportes que dan un salto hacia adelante, a la tecnología, a lo que todavía no sucede o que está sucediendo sin que nos demos cuenta. Es decir, hay una necesidad vital de entender todo, -o intentarlo-, en un mundo incierto e incómodo.

Hombre culto y de excelente prosa, Gustavo ha trabajado en medios desde joven y ha alternado la docencia y los viajes por el mundo con el oficio de escribir mucho y bien. En particular, y seguramente por formación profesional, me gustó montones la columna en homenaje a Eugenio Lira Massi, un periodista icónico de Chile. Se hizo conocido en nuestro país en los años 60 y 70 del siglo pasado y se hizo leyenda en París, en el exilio, dónde muere en circunstancias poco claras a los 40 años. El autor nos revela que Lira Massi, apodado el “Paco Lira”, ex escribiente de carabineros, trabajó durante dos años en María Elena en nuestra región y luego regresa a Santiago su ciudad natal donde hace periodismo popular con un estilo inconfundible. Ojalá que Gustavo nos cuente más adelante otros detalles de la estadía pampina de Lira Massi, como lo hace con lucidez impecable y desgrana en “Linternas: Crónicas regionales” sobre personajes señeros de la Antofagasta de ayer y de anónimos que aportan a diario en el futuro de una región única y entrañable.

Estimados auditores, gracias y hasta una próxima oportunidad

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