Un réquiem por Avelino Sanhueza
El maestro Avelino Sanhueza Hamén tuvo muchos talleres de trabajo. No en vano pasó la mitad de su vida dando clases, dibujando, esculpiendo y enseñando sobre artes plásticas en Antofagasta y la región. En…
El maestro Avelino Sanhueza Hamén tuvo muchos talleres de trabajo. No en vano pasó la mitad de su vida dando clases, dibujando, esculpiendo y enseñando sobre artes plásticas en Antofagasta y la región. En su último atelier, ubicado en la Universidad Católica del Norte lo visité muchas veces durante años y allí me sumergí profundamente en la vastedad de sus colores y arraigos nortinos. Ese taller era grande y de paredes altas y amplias, con ventanales enormes donde podía admirar el mar, aquel vasto depósito de azules, de peces, botes y lunas que lo embriagaban. En esas paredes colgaban algunas de sus pinturas. Avelino solía navegar y pescar con algunos de sus amigos en las costas antofagastinas. Pescaba poco, pero capturaba ideas y las retrataba luego en sus lienzos. No contento con eso, durante largo tiempo tuvo un bote en las puertas de su casa, allí en la Coviefi, siempre presto para el zarpe…
En esas paredes resaltaba un cuadro solemne sobre un cortejo fúnebre, obra inspirada en recuerdos de su infancia iquiqueña. El carruaje azul y negro era tirado por caballos y los conductores eran adustos jinetes de sombreros altos; en otro lado había lienzos con paisajes verdes y aves exóticas, colores múltiples y fuertes, donde sobresalían los violetas, los amarillos y los índigos. No eran paisajes lejanos. Eran sacados de los oasis, quebradas y misterios del desierto de Atacama.
Recuerdo que junto a un grupo de investigación en más de una oportunidad visitamos la pampa salitrera y el rio Loa. En esas ocasiones Avelino realizó cientos de fotografías de cementerios abandonados, paisajes propios de espejismos, pueblos abandonados y rutas perdidas en la arena. También nos dibujó con una capacidad de abstracción notable varias portadas de Tercer Milenio, una revista indexada sobre periodismo y comunicaciones que durante años editó Periodismo en la UCN.
Su pasión por las quebradas y la geografía nortina lo llevó irremediablemente a Bolivia donde hizo trabajos en tiempo real con piedras gigantes en el altiplano del poblado de Tiahuanaco y el municipio de Samaipata, Santa Cruz, donde fue declarado Huésped Ilustre.
Iquiqueño de nacimiento y antofagastino por opción, fue el último profesor de artes plásticas en la Norte donde se formó y donde tuvo como maestros, entre otros, a Waldo Valenzuela y a Harold Krusell, y a compañeros de carrera como Juan Salva, Jaime Cabrera y a Carlos Troncoso Cicardini, este último, destacado artista local autor de la escultura Alma del Pueblo, ubicada en el Paseo Prat donde emergen desde la calzada seis figuras gigantes de hombres y mujeres del pueblo que invitan a caminar al infinito…
Como Troncoso, Avelino Sanhueza dejó innumerables obras en el espacio público que van desde piezas de arte en regimientos, plazas y barrios hasta esculturas en tamaño real que recuerdan a antofagastinos destacados de la historia antigua y reciente de la ciudad. Las obras hechas en bronce, en la calle Matta, representan a José Papic, empresario y visionario del progreso de la ciudad; a Lenka Franulic, primera periodista chilena y Premio Nacional de Periodismo año 1957 quien descansa sentada en un banco con un libro abierto y a Adriana Zuanic, joven y recordada cineasta y también periodista y gestora cultural quien aparece de pie sosteniendo un trípode con su cámara de filmación.
En el living de mi casa antofagastina mantengo con orgullo una pintura de gran tamaño con la firma de Avelino en color rojo. Se la compré hace mucho tiempo y recuerdo que él mismo me la llevó en su camioneta de trabajo. El cuadro muestra a una mujer joven sentada sobre una frazada blanca a la orilla del mar profundo. Su rostro marca un rictuc doloroso en su boca. En la arena hay conchas de caracolas marinas y los ojos de la joven llevan hacia la ventana abierta de un jardín con naranjos en flor… En el umbral de la ventana destaca un reloj de arena antiguo como el tiempo…
Avelino Sanhueza, el artista y amigo, partió de este mundo material en la primera semana de septiembre y se suma a otras partidas dolorosas de maestros de las artes plásticas antofagastinas este año 2026, como lo fueron el joven artista audiovisual Marko Frasanovic en febrero y el gran Waldo Valenzuela quien partió en marzo. Todos ellos laboran hoy en los talleres celestiales. ¡Por todos ellos, namasté!…
Estimados amigos, gracias y hasta una próxima oportunidad