Columna

“El pulgar y las pantallas…»

El avance tecnológico ha mejorado la salud mediante la telemedicina o la cirugía robótica, pero el uso constante de pantallas nos cobra una factura física, mental y espiritual. Hoy debemos estar conectados 24/7 revisando…

Mg. Alondra Donoso Meneses. Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud, Universidad Central Sede Coquimbo.

El avance tecnológico ha mejorado la salud mediante la telemedicina o la cirugía robótica, pero el uso constante de pantallas nos cobra una factura física, mental y espiritual. Hoy debemos estar conectados 24/7 revisando notificaciones y haciendo “scrolling” inconsciente, lo que ha modificado nuestros hábitos diarios y nuestra morfología.

Estudios muestran que el uso prolongado de teléfonos altera la postura: la cabeza se adelanta, aumentando la flexión cervicotorácica y la cifosis. Esto afecta a toda una cadena cinética que incluye columna, cintura escapular, hombros, codos, antebrazos, muñecas, manos y pulgares.

El pulgar, diseñado para movimientos complejos, sufre sobrecarga en la musculatura tenar debido a la flexión, extensión y abducción repetitivas al escribir con una mano. Aunque no se deforma, esto puede generar síntomas de síndrome del túnel carpiano o tenosinovitis de De Quervain. La muñeca, mantenida en extensión con desviación, también arriesga tendinopatías. El problema real no es un movimiento aislado, sino la repetición sostenida sin variación ni recuperación.

Todo nuestro cuerpo se estructura en torno a la pantalla: cabeza adelantada, sobrecarga en la cintura escapular y tensión en plexos nerviosos como el cervical y braquial, rompiendo nuestro equilibrio neuromuscular, a lo que se suma la dependencia dopaminérgica.

La pantalla está modificando nuestra anatomía buscando una adaptación digital. Sin embargo, no se trata de una batalla perdida, sino de buscar el equilibrio. Como naturópata, sé que la naturaleza nos entrega herramientas para volver a la armonía. No perdamos la vida real en el mar de la virtualidad.