Columna

Educación universitaria y mujeres

En Chile, luego de la dictación del decreto Amunátegui en el año 1877, doña Eloísa Díaz en el año 1881 fue la primera mujer en ingresar a la educación universitaria, al incorporarse a la…

Fabiola Rivero
Fabiola Rivero

Abogada

En Chile, luego de la dictación del decreto Amunátegui en el año 1877, doña Eloísa Díaz en el año 1881 fue la primera mujer en ingresar a la educación universitaria, al incorporarse a la escuela de medicina de esa casa de estudios.

El 6 de junio de 1892, con 16 años, doña Matilde Throup Sepúlveda, obtuvo su Licenciatura en Leyes, convirtiéndose en la primera mujer chilena en recibir este grado universitario, lo que le permitió recibir el título de abogada, bueno en ese tiempo de abogado, otorgado por la Corte Suprema. Porque si, hasta no hace mucho, las mujeres en Chile éramos abogados, no abogadas.

Sólo seis años más tarde, doña Matilde Brandau, acompañaría en el espacio público a Matilde Throup, al convertirse en la segunda abogada del país en 1898.​

Todo eso pasó en Santiago, ¿qué pasaba en el norte?, ¿qué pasaba en nuestra región?

En nuestra región tanto en la Escuela de Minas la presencia femenina era inexistente. En la Universidad Técnica del Estado, minoritaria y en la sede Antofagasta de la Universidad de Chile, bastante visible en carreras feminizadas por estereotipos de género, como pedagogía, enfermería y obstetricia.

Sin embargo, no pensamos en mujeres abogadas regionales sino hasta el año 1993, primera cohorte de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad de Antofagasta, que tuviera como primera decana, si, a una mujer a la prestigiosa criminóloga, doña Carmen Anthony García, pionera del estudio de la delincuencia desde una mirada feminista. 

El dato anterior puede marcar un sello de nuestra carrera, somos productores de licenciadas de connotado valor y aquellas que éramos minoría en los ‘90s. Hoy somos mayoría. Dado que, las cifras indican que cada vez son más las mujeres que ingresan a estudiar Derecho en Chile y en la UA, tb.

El fenómeno del aumento de las mujeres en la educación universitaria no es algo privativo de la carrera de Derecho. Por ejemplo, el primer estudio de equidad e inclusión de la UA, nos indica que el 57% de las matrículas de pregrado son de mujeres. Sin embargo, el mismo estudio señala que el promedio de las matrículas de posgrado UA es sólo de un 36% para las mujeres.

¿A qué se debe esta diferencia?

  • A la gratuidad de pregrado. Si las mujeres estudian gratis, estudian más. Porque en regiones como la nuestra de matriz minero-portuaria, se insta a que se profesionalicen los varones, para que sigan siendo el sostén económico del hogar.

Es un hecho indiscutible que, con la llegada de la política pública de gratuidad, nuestras salas de llenaron de mujeres estudiantes, muchas de ellas primera generación de universitarios en la familia.

  • A las becas de posgrado, como ya no está asegurado el pago, las mujeres tendemos a priorizar la familia y la estabilidad, no siendo de primera necesidad el estudio y la ciencia. Debemos criar, cuidar y mantener. 

En Chile, los indicadores de género 2024–2025, según INE, muestran una persistente desigualdad: 

  • Feminización de la pobreza: por cada 100 hombres en situación de pobreza, hay 130 mujeres. Además, el 17,6% de las mujeres no cuenta con ingresos propios, frente al 9,5% de los hombres.
  • Brechas en salud y nutrición: el 19,3% de las mujeres sufre inseguridad alimentaria entre 2021 y 2023, y el 19,4% de las mujeres embarazadas presentaron anemia.
  • Violencia de género: Dos de cada diez mujeres han sufrido violencia por parte de su pareja en los últimos 12 meses.
  • Desigualdad en el trabajo y los ingresos: las mujeres tienen una tasa de desocupación del 9,3% frente al 7,9% de los hombres, y una brecha salarial del 12%.
  • Participación política limitada: solo el 16,5% de las alcaldías, el 24% en el senado y un 35,5% en la cámara de diputadas y diputados.
  • Carga desproporcionada de cuidados: las mujeres dedican el 18,4% de su tiempo diario al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, frente al 10,5% de los hombres.

¿Cómo podemos mejorar esas cifras?

Con más y mejor educación. La educación universitaria es parte de ella, robusteciendo la educación pública, no olvidándose de las queridas universidades estatales, desarrollando más educación de pregrado sin discriminaciones arbitrarias en su ingreso vinculadas a los ingresos de la familia y aumentando no eliminando las becas de posgrado, incentivando que más mujeres puedan optar a ellas.

Somos más del 50% de Chile y de la humanidad. Estamos, existimos.