Columna

Música, fe y comunidad: el camino de un coro que sigue renaciendo

Hay experiencias que no se miden solo por la cantidad de ensayos, conciertos o celebraciones realizadas. Algunas experiencias se miden por lo que van dejando en las personas, por la huella que construyen en…

Christopher Avilés | Coro
Christopher Avilés Vega

Director Coro Renacer | Catedral de Antofagasta

Hay experiencias que no se miden solo por la cantidad de ensayos, conciertos o celebraciones realizadas. Algunas experiencias se miden por lo que van dejando en las personas, por la huella que construyen en una comunidad y por la manera en que la música logra reunir voluntades distintas en torno a un mismo propósito.

Desde mi rol como director del Coro Renacer de la Catedral, he tenido la oportunidad de vivir un camino profundamente significativo, donde la música no ha sido solamente una expresión artística, sino también un servicio, una forma de oración, un espacio de encuentro y una manera concreta de aportar a la vida cultural y espiritual de Antofagasta.

Durante los últimos años, uno de los momentos más importantes de este recorrido ha sido la participación musical en el Te Deum 2023, 2024 y 2025. Cada una de estas celebraciones ha representado un desafío distinto, no solo desde lo musical, sino también desde lo humano y comunitario. Preparar un Te Deum implica comprender que no se trata simplemente de cantar bien. Se trata de acompañar un momento solemne, de aportar con respeto a una tradición importante para la ciudad y de poner la música al servicio de una celebración que convoca a autoridades, instituciones, comunidades y fieles.

En ese sentido, el coro ha ido creciendo con cada experiencia. Hemos aprendido a trabajar con mayor disciplina, a cuidar los detalles, a entender la responsabilidad de cantar en espacios significativos y a valorar el compromiso de cada integrante. Porque detrás de cada presentación hay horas de ensayo, organización, estudio, dificultades personales, tiempos familiares compartidos y, sobre todo, una enorme voluntad de servir.

También he tenido el honor de asumir como director interino del Coro Corata Jadran en los conciertos de Navidad de los años 2023, 2024 y 2025. Esta experiencia ha sido especialmente valiosa, porque me ha permitido ampliar la mirada musical y trabajar con otra comunidad coral que también posee una historia, una identidad y una sensibilidad propia. Dirigir un coro no es solamente marcar entradas o corregir notas; es comprender a las personas, escuchar sus procesos, ordenar una energía común y ayudar a que muchas voces puedan convertirse en una sola expresión.

Los conciertos de Navidad tienen una fuerza especial. En ellos, la música conecta con recuerdos, familias, tradiciones y emociones profundas. Cada villancico, cada obra coral y cada interpretación nos recuerda que la Navidad sigue siendo un tiempo de esperanza, de encuentro y de humanidad. Por eso, haber acompañado estos procesos durante tres años consecutivos ha sido una experiencia que agradezco sinceramente.

Pero mirar el camino recorrido también nos obliga a mirar hacia adelante. El año 2026 se presenta como un tiempo importante para seguir consolidando el trabajo coral y musical que venimos desarrollando. Entre los principales proyectos se encuentra la preparación del Te Deum 2026, una nueva oportunidad para poner la música al servicio de una celebración relevante para nuestra ciudad y nuestra Iglesia.

Asimismo, uno de los grandes desafíos será el Concierto a la Virgen del Carmen, en el marco de su centenario como Madre, Reina y Patrona de Chile. Este proyecto tiene un valor especial, porque no se trata solo de preparar un repertorio, sino de construir una experiencia musical y espiritual que conecte con la memoria, la devoción y la identidad de tantas personas. La Virgen del Carmen forma parte de la historia religiosa y cultural de Chile, y dedicarle un concierto requiere sensibilidad, respeto y una preparación seria.

La música coral tiene la capacidad de unir generaciones. En un mismo coro pueden convivir personas con distintas edades, historias, profesiones y experiencias de vida. Esa diversidad, cuando se trabaja con compromiso, se transforma en una riqueza enorme. Por eso, cada proyecto no busca solamente alcanzar un buen resultado artístico, sino también formar comunidad, abrir espacios de participación y demostrar que la cultura también se construye desde la constancia y el servicio.

El año culminará, si Dios lo permite, con el Concierto de Navidad 2026, una instancia que esperamos preparar con especial dedicación. La Navidad siempre nos invita a mirar lo esencial, y la música tiene la capacidad de abrir ese espacio interior que muchas veces la rutina nos hace olvidar. Un concierto navideño no es solo una actividad de fin de año; puede ser también un regalo para la ciudad, una pausa necesaria y una invitación a reencontrarnos con la esperanza.

Como director, valoro profundamente a cada persona que ha sido parte de este proceso. Ningún coro existe por una sola persona. Un coro vive por sus integrantes, por quienes llegan a ensayar aunque estén cansados, por quienes aprenden una línea musical con paciencia, por quienes se equivocan y vuelven a intentarlo, por quienes entienden que cantar juntos también significa caminar juntos.

Antofagasta necesita espacios donde la música siga creciendo. Necesita coros, ensambles, escuelas, talleres, conciertos y comunidades artísticas que ayuden a fortalecer nuestra identidad cultural. Muchas veces se piensa que la cultura ocurre solamente en grandes escenarios, pero también nace en una sala de ensayo, en una parroquia, en una comunidad que se organiza, en una familia que acompaña, en una voz que se atreve a cantar por primera vez.

Por eso, más que mirar estos años como una lista de actividades realizadas, los veo como parte de un proceso mayor. El Te Deum, los conciertos de Navidad, el trabajo con distintos coros y los proyectos que vienen para 2026 son señales de un camino que busca seguir creciendo con responsabilidad, belleza y sentido.

La música, cuando se vive con profundidad, no solo suena: acompaña, sostiene, educa y transforma. Y desde esa convicción, seguiremos trabajando para que el canto coral continúe siendo un aporte real a la vida espiritual, cultural y comunitaria de Antofagasta.

Porque cada voz importa. Y cuando muchas voces se unen con un mismo propósito, algo verdaderamente valioso puede renacer.