Columna

Reflexiones Sociales

La historia siempre es relativa Alberto Torres Belma, Sociólogo y Académico de la Universidad de Antofagasta Si se tuviese que buscar la moraleja que el famoso escritor y periodista uruguayo, Eduardo Galeano (1940-2015) deja…

Alberto Torres Belma

Sociólogo y Académico de la Universidad de Antofagasta

La historia siempre es relativa

Alberto Torres Belma, Sociólogo y Académico de la Universidad de Antofagasta

Si se tuviese que buscar la moraleja que el famoso escritor y periodista uruguayo, Eduardo Galeano (1940-2015) deja en su libro “Ser como ellos y otros artículos” (1992), es claro que ésta refiere a algo en lo que es casi imposible mostrar desacuerdo: la historia siempre es semirreal; así como existe el “relativismo cultural”-según el cual ninguna cultura es mejor que otra si no que cada una posee características propias que son estimables- podemos aventurarnos a hablar de un “relativismo histórico”, ya que es innegable que aprendemos historia en base a lo que leemos (si es que tenemos el hábito y el sistema político habilita las condiciones); a lo que nos enseñaron en nuestras familias y a cómo se ha direccionado el qué y dónde aprender desde el sistema educacional y político.

En las últimas semanas ha sido llamativa la interacción que se ha generado en las páginas de redes sociales de prensa independiente cubana, en que la se ha relevado la figura del General Fulgencio Batista, ex Presidente de Cuba derrocado por la Revolución Cubana en 1959. Llama la atención el derrumbe del relato histórico que ha demonizado la figura del ex Presidente. Algunas personas refieren que con Batista estaban mejor, que al menos había comida y hasta que su régimen dictatorial era bastante particular, ya que el Congreso cubano retomó sus funciones en 1954 e incluso tres meses antes del triunfo de la Revolución, Cuba tenía un presidente electo distinto a Batista -aunque afín a su línea-que debía tomar posesión en febrero de 1959, recuperándose de esta manera, la democracia plena. Dicho sea de paso, el mandatario electo compitió en las elecciones con otros candidatos que representaban las corrientes políticas de la Cuba democrática.

Otro aspecto llamativo es que Fulgencio Batista, en su período como presidente constitucional de Cuba (1940-1944) impulsó la Constitución de 1940, una de las más avanzadas, democráticas y progresistas del continente y por ello fue calificado como “ídolo del pueblo” por el Buró Político del Partido Comunista de Cuba, el cual fue legalizado durante su mandato como un gesto democrático y de sana convivencia, lo que decantó, incluso en que el poeta Pablo Neruda dedicará a Batista un texto de alocución denominado “Saludo a Batista” en el que lo identificaba como continuador de la obra de José Martí, destacando la unificación de Cuba durante su primer mandato.

Tal como señalara, con gran valentía, el hijo del General Batista, Roberto, en su libro “Hijo de Batista” (2021) el gran error de su padre fue el Golpe de Estado de 1952, ya que este acontecimiento debilitó su figura de estadista consolidada en la década de los 40. No puede desconocerse que la aseveración es correcta, pero ello contribuyó, en los años siguientes y en la actualidad, a una deformación de la figura del General, conociéndose sólo una versión histórica.

Es por ello que al observar las interacciones de cubanos en la prensa independiente presente en redes sociales, como también el conocer los datos históricos aquí expuestos, podemos decir que el escritor Eduardo Galeano acertó al afirmar que siempre debemos dudar del relato histórico, ya que dependerá bastante de quien lo cuente. Por ello, es necesario y deseable que todo gobierno estimule el pensamiento crítico, la libertad política y de prensa, elementos que permiten tener ciudadanos con capacidad de discernimiento.

Es de esperar prontamente en Cuba el relato de su período democrático cuente con una versión distinta o al menos complementaria que nos permite aprender de los aciertos y equivocaciones del pasado para proyectar el futuro.