Columna

Tiempo de radios

Estimados auditores. Les saludo con mucho agrado. Quisiera partir esta primera radio columna o radio comentario -si prefiere- dando las gracias a Radio Universidad de Antofagasta por la invitación generosa a ocupar este espacio.…

Rubén Gómez Quezada
Rubén Gómez Quezada

Periodista y Escritor

Estimados auditores. Les saludo con mucho agrado. Quisiera partir esta primera radio columna o radio comentario -si prefiere- dando las gracias a Radio Universidad de Antofagasta por la invitación generosa a ocupar este espacio. Es un convite amable, un ofrecimiento desinteresado para dar relatos, opiniones o ideas sobre temas diversos. En un mundo convulsionado y desconfiado como el actual, el hecho de que te inviten a comentar sin líneas editoriales previas, ni prevenciones veladas, es un síntoma de que todavía existe respeto a la libertad de expresión, la inclusión social y la tolerancia, un gesto valioso que se aplaude y debería ser imitado.

En esa línea, intentaremos hablar sobre cosas cotidianas u otras que pudieran parecer a primera vista livianas, ligeras, pero no lo son. Pueden ser breves, pero complejas y duras. Las coyunturas y los estados de ánimo son difíciles de soslayar y nos rompen a veces los esquemas presupuestados. En esos casos, no hay contenidos predefinidos y queda a lo sumo solo el afán de ser coherentes con lo que decimos y sobre todo con lo que hacemos. 

En el ámbito de las comunicaciones se puede hablar de todo o casi todo…En lo particular, me inclino por hablar de las cosas simples, aquellos detalles que parecen minúsculos, pero que pueden sacudir conciencias y abrir horizontes.  Me interesa más hablar sobre el vaso medio lleno que el vaso medio vacío. Me interesa más buscar el consenso y la armonía antes que el conflicto infinito y la ceguera acompañante. En ese mismo derrotero no pierdo de vista que me interesa más la causa de los más desprotegidos y los más desamparados en términos sociales e informativos. Esa causa no puede ser otra que aportar a construir una sociedad más plena donde seamos solidarios y amantes de la justicia. 

Sin duda es un camino extremadamente difícil, lleno de trampas y espejismos, y para algunos, es algo utópico, pero es una vía necesaria e imprescindible, propia de la naturaleza humana y que, verbigracia, está a prueba todos los días ya que es así como hemos ido avanzando en la historia con avances y retrocesos interminables. 

Debo reconocer que la radio, como medio de comunicación masiva, para mí siempre fue algo fascinante, encantador. Guardo reminiscencias imperecederas de ella desde muy temprano…En el pequeño pueblo de mi niñez en la pampa salitrera las ondas de éter me traían a la imaginación mundos maravillosos, por ejemplo, los radioteatros históricos y literarios de CA 70 radio Coya de María Elena, CA 135 radio Pampa de Pedro de Valdivia y CA 109 radio el Toco de Tocopilla que dirigía en ese entonces el Abuelito Manuel, don Manuel Montecinos

Se me vienen a la memoria auditiva las voces inconfundibles e inolvidables talladas por la presencia y la acción de Jaime Guerra Yáñez, quien recreaba y dirigía con sus amigos y vecinos los personajes para radioteatros de suspenso, de historia chilena y universal. Sin duda no solo era un buen locutor. Era también un gran guionista. Jaime fue un locutor tocopillano que inició su carrera en su ciudad natal, en Radio Blanco Encalada; trabajó también en Radio Minería en Antofagasta, y en radio Calama y también leyó con gran acierto y calidad las noticias en Telenorte. 

Sus programaciones musicales eran muy vastas e ingeniosas e incluían también juegos y concursos. De uno de esos episodios recuerdo haber ganado un certamen en vivo y el premio era un long play de música de jazz… Precioso ejemplar inmaculado que recibí de manos de Jaime. Como no teníamos tocadiscos en casa lo vendí a buen precio en el sector de los gringos. A Jaime lo escuchaba también en sus tiempos de locutor en Radio Calama donde en los años 70’ apareció allí con su voz inconfundible el Alfonso “Chino” Páez, mi compañero de secundaria. 

Un poco más cerca -mediando muchos nombres que esta vez omito- recuerdo a Pascual Vicentello, a quien conocí en la juventud en el trabajo de la pampa. Después yo me vine a estudiar a Antofagasta y él ingresó como radiocontrolador y luego como locutor en radio Coya; un hombre de sonrisa grande, humilde y de voz acogedora. Aunque él, Jaime y Alfonso Páez partieron a tomar su turno de locución en otras dimensiones, sus frecuencias aún resuenan en este norte grande. 

La última vez que conversé con Pascual hace unos años, lo encontré en esta ciudad haciendo radio, precisamente en esta emisora Radio Universidad de Antofagasta donde hoy comienzo esta etapa de radiocolumnista. Por estos hermosos recuerdos y este inicio de colaboraciones muchas gracias y será hasta una próxima oportunidad…